1/22/2014

#867

Un día se despertó pensando que nada merecía la pena tal y como estaba. Tendría que cambiar algunas cosas o actitudes para sentirse mejor, o al menos sentirse viva, que era lo que ansiaba desde hacía mucho tiempo.

Necesitaba saber que su vida no se reducía a su insignificante existencia ni a lo que pudiera tener, sino a sus vivencias, sus confidencias. Quería algún aliciente para seguir adelante, olvidar lo pasado.
Con una botella en la mano y compañía suficiente dio el primer paso. Hablar de cualquier cosa aparente, expresar su opinión, ser escuchada y debatida. Entre trago y trago apareció lo que se asemejaba a su salvación. Quería algo esporádico para luego recordar.

Acercándose poco a poco recobró aquella confianza que un día perdió. Sin vacilar un solo segundo posó su mano en el hombro de su futura presa. Jugó con indomables mechones de pelo, se pasó los dedos lentamente por los labios, mantuvo la mirada fija para no perder un solo recuerdo del momento.
Acercándose, lo rodeó con sus manos, lo atrajo hacia sí, y sin saber si estaba bien lo besó. Lenta y profundamente, como se hace cuando quieres expresar todo lo que sientes y no puedes con palabras ni miradas.

Como una liberación, se levantó sin más, dando la espalda a todo lo que conocía. Sintiendo su agitada respiración, sin importarle lo que pensarían, fue corriendo calle abajo hasta que su silueta se confundió con las sombras de los árboles ante un nuevo amanecer.