2/24/2014

#870


Aprendí a acomodarme esas tardes de verano entre almohadones sin hacer nada, tan sólo pensar en cosas completamente aleatorias que mi cabeza me sugería a medida que pasaban las horas.


Podía contemplar atardeceres desde mi ventana sin que causaran en mi alguna sensación. Dejé de sentir. No esperaba nada, sólo veía el tiempo pasar.


Cuando me di cuenta ya era tarde, ya había pasado mi juventud, ya no era esa persona de carácter fuerte y decidido, ahora era débil como una pluma, hasta una pequeña ráfaga de aire podría derribar mis expectativas. No sé en qué momento todo había cambiado, pero de hecho, nada, absolutamente nada, era lo mismo.