5/19/2014

#875

  Cuando abrió la puerta, ahí estaba yo, ansiosa por tocarle una vez más. No me preguntó que hacía buscándole a esas horas, ni se preocupó en decirme que pasara. Ese tipo de cosas sobraban, porque ambos sabíamos lo que venía después. 

  Me gustaba hacerme de rogar, que fuera él quien buscara mi boca, el que diera el primer paso para lanzarme aunque después fuera yo la que siguiera todo. 

  Borraría su piel con mis besos, atendería sus súplicas y al final de la noche, me llevaría conmigo el recuerdo de su voz susurrando mi nombre. 

Él, más que nadie, sabía como tratarme, lo que quería y cómo sin que pronunciara una palabra. Jadeaba su nombre mientras asomaba una sonrisa a sus labios, mientras enlazaba mis dedos en su pelo y me hacía sentir libre, fuera de mi cuerpo. 

Placer y pecado, así lo llamaba él...